Cual criatura atrapada en una jaula, impaciente de salir a correr a buscar su libertad, aunque sepa que la muerte segura, aguarda al otro lado, mas vale para ella dar unos últimos pasos sobre la hierba mojada, que morir viendo desvanecerse el deseo de libertad y morir con el corazón latiendo. Vivo pero muerto al mismo tiempo.
Con la fuerza de un rió de emociones de mil colores desbaratando la bolsa que lo resguarda en miles de agujeros por los que escapan rayos de color empapados cada uno de una sensación. Se escapan creando un sol multicolor desde mi pecho hasta la ultima persona viva. Un rayo azul para la nostalgia, uno rojo para la pasión, uno verde para la tranquilidad, uno amarillo para la alegría, uno morado para la serenidad, combinaciones entre ellos, haciendo nuevos tonos; un rayo rojo intenso para una pasión incontrolable, un azul profundo para una nostalgia que muerda el limite de la soledad, un amarillo brillante que describa la euforia...
Y de entre todos, destacaría un naranja resplandeciente para el amor, por que son mi color y sensación favoritos.
Tan simple es la premisa de la compañía, que hace despertar el corazón, sea cual sea su estado. Tanto si estuviese cosiendo sus heridas por cuenta propia, como si decidiera permanecer con las heridas abiertas esperando a otro que le pueda ayudar con el trabajo de zurcir su piel, cual fuese su decisión, espera con emoción y alegría contenidas, consolandose por las noches en la seguridad de tener esas dos sensaciones impacientes en su interior.


